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¡Como te extraño navidad!



Está permitido celebrar, sentir nostalgia, pensar más de lo acostumbrado en la familia y sentir que la prisa puede esperar un poquito y que la vida agitada y tu mente llena de preocupaciones cotidianas, se regocijan de una inusual alegría. Como aquel día, cuando eras niño y bailabas, saltabas y sonreías sin importar el que dirán, y contabas los días esperan ilusionado el regalo prometido por papa y mamá, ¿recuerdas?, se respiraba a navidad, las vistosas guirnaldas y luces multicolores que colgabas de aquel nacimiento que con tanta ilusión y reverencia te esforzabas en "armar", revisabas con minuciosidad que no faltase ningún detalle: el burrito y la vaquita, los pastores, los reyes magos, La Virgen y San José (que aunque estaban algo quiñados por el paso de los años, con una retocadita de tempera, quedaban OK), la estrella de belén, el rico chocolate y el panetón, los cohetecillos, las luces de bengala, el árbol de navidad que en realidad era una rama de pino que adornabas con lo que había a la mano, el abrazo infaltable con tus hermanos y hermanas, el beso de papá y mamá.


Cosas tan sencillas que acompañadas de un festivo villancico de los toribianitos, en versión remix de 20 minutos cada canción, aquellas del burrito sabanero o la interminable feliz navidad, que hacían que tu hermano mayor, se aburriera y te jodiera la algarabía con un sonoro: "Ya, cambia esa huevada carajo". Que navidades aquellas, esa sencillez matizada de pobreza, de las sandalias de plástico y polos entallados con su huequito para ventilar los humores, y exhaltaban el ombligo, porque aunque estabas un poco crecido, la vestimenta podía aguantar un poquito más el natural estirón. Que lindas navidades, ir a la misa de gallo, con mi madre y mi padre, ver a todos en la iglesia "San Pancho", cantar y juntarse entre abrazos y besos y cánticos de hermandad y paz, y con la emoción de retornar pronto a casa antes de la medianoche para preparar el arsenal de fuegos artificiales, y esperar a encender los cohetecillos, era tan divertido. Y más osado aún, el hacerlos estallar en tu mano, claro está agarrándolos apenitas, casi pellizcandolos por su base, era una oda a hacerse el hombrecito, y ni que decir, haciéndote el experimentado en explosivos, ya que decías que las luces de bengala eran para bebes y advertías a los demás ¡Cuidado, es mechita peligrosa!, y zas a encenderlo y partir rapido la carrera para no sufrir los estragos de la detonación. Y que lindo ver en la tele a blanco y negro, los dibujos de disney a mickey mousse y minnie, al perro Pluto, Tribilin y el pato donald (a quién nunca entendí un carajo lo que decía, pero era entretenido y gracioso verlos en la tele), festejando las navidades con canciones y nieve. Y esperar la hora para ver juntos las películas de Santa Claus (Papa Noel, para nosotros), volando en su trineo con la fuerza de sus renos, imaginando en algún momento mientras mirabas al cielo, que en verdad si existía y podría aparecer en cualquier momento, para darte el ansiado carro de policía o el tren con rieles y estación incuida, éra inpensable creer que bajaría por alguna chimenea, porque a diferencia de los "yunaites", es lógico que las casas las tengan, por el intenso frío, vaya si las necesitan para aliviar el crudo invierno navideño y sentir calor en el hogar y los huevos menos frios, afortunadamente en estas latitudes, además del verano, el calor de hogar era insistituible por el abrazo interminable de la familia y de los amigos tan familiares.
Que bella emoción de aquellas navidades, donde lo único que amenazaba la paz y la tranquilidad del alma, era sentir la tensa espera de la libreta de notas, aquella que te entregaban faltando dos días para la celebración de noche buena, aquella que te hacía recordar tu peor pesadilla y te obligaba a inventar una buena excusa para los mas de 4 rojos en la libreta, pero que promediados daban once y a festejar porque pasabas ajustando, tal vez preparando un plan de contingencia justificandote en que era normal no quedarte de año, sino que tendrías una segunda oportunidad en el periodo vacacional (con más de cuatro cursos jalados te quedabas de año). ¡Que criminales los profesores!, atentar contra la inocencia de una niñez avida de crecer sin problemas, ni traumas y con un talento innato para los juegos, el hueveo y la despreocupación. Pero a pesar de todo ello, no dejaban de ser emocionantes navidades.


No me gustaría seguir creciendo, o sería mejor decir no seguir envejeciendo, no dejar de creer en la ilusión y la fantasía de la navidad, o mejor dicho no darme cuenta que el viejo noel es un profeta del consumismo, porque en eso lo deformaron las empresas, o que hay muchos niños que no tienen un juguete, paneton de marca y menos pavo para la cena, y tal se van a dormir antes de las doce, porque sus padres diligentes y para evitar la pena, tal vez entiendan que la cena de esa noche será el desayuno de mañana, o que los adornos navideños que comercializaban los ambulantes, era el negocio y el sustento de gente sin empleo que se recursea en las fiestas navideñas y que la gente se va haciendo cada vez mas indiferente ante todo esto. Tal vez esa sea la nostalgia que sentía antes, al presentir que algún día crecería, o tal vez era la tristeza de saber que ya no siendo un niño, extrañaría mi niñez en otras navidades.

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